(ANDINA)- El compromiso de elaborar “un ambicioso programa” que impulse la innovación y el conocimiento para propiciar la equidad, la inclusión, la diversidad, la cohesión y la justicia social, asumieron los participantes de la XIX Cumbre Iberoamericana clausurada hoy en el balneario portugués de Estoril.
La Declaración de Lisboa, suscrita por los líderes iberoamericanos, contempla 33 puntos que fueron debatidos durante el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, los cuales recogen acuerdos relacionados con el lema “Innovación y conocimiento” adoptado para este encuentro.
De acuerdo al documento, uno de los puntos más importantes es la creación de un nuevo y ambicioso programa cuya definición estará a cargo de un grupo de trabajo de responsables gubernamentales de cada país, coordinado por la Secretaría General Iberoamericana (Segib), a cargo de Enrique Iglesias.
El programa se concentrará en la investigación aplicada e innovación tecnológica, inclusivo y abierto a todos los países, complementario de los programas existentes y estrechamente articulado con los mismos.
“El programa tendrá también por objetivo contribuir a un modelo de apropiación social y económica del conocimiento más equilibrado en el ámbito de las sociedades iberoamericanas”, destaca el texto.
Los jefes iberoamericanos de Estado consideraron que ese programa de innovación y conocimiento permitirá erradicar la pobreza, combatir el hambre y mejorar la salud de nuestras poblaciones, así como alcanzar un desarrollo regional sostenible, integrado, inclusivo, equitativo y respetuoso del medio ambiente.
Por tal motivo, acordaron dar prioridad a la innovación en el marco de las estrategias nacionales de desarrollo de los países, mediante el diseño e implementación de políticas públicas de mediano y largo plazo, sean de naturaleza fiscal, financiera o de crédito, que estén dirigidas a los agentes de la innovación y del conocimiento.
A fin de lograr ese objetivo, se comprometieron a fortalecer las instituciones nacionales de innovación y promover la cooperación solidaria entre los Gobiernos iberoamericanos, aprovechando las múltiples sinergias y complementariedades y respetando las especificidades nacionales.
De igual manera, incentivarán la inversión en infraestructura de comunicación, apoyando el acceso generalizado a la banda ancha, en particular en sectores de menores posibilidades y en áreas rurales.
Asimismo, acordaron promover programas que garanticen la transferencia de tecnologías a los países en desarrollo, en especial en el espacio iberoamericano, teniendo como objetivo la solución de los problemas económicos, ambientales y sociales de la región.
Sin perjuicio de las minorías, también asumieron el compromiso de recuperar los conocimientos ancestrales, tradicionales y locales, especialmente de los pueblos originarios iberoamericanos y de los grupos afrodescendientes, y promover su incorporación en los procesos de innovación.
Otro de los acuerdos es contribuir, de conformidad con el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, a un esfuerzo global de reducción de emisión de gases de efecto invernadero, basado en metas nacionales cuantificadas para los países desarrollados y en acciones de mitigación nacionalmente apropiadas.
La Declaración de Lisboa, suscrita por los líderes iberoamericanos, contempla 33 puntos que fueron debatidos durante el 30 de noviembre y el 1 de diciembre, los cuales recogen acuerdos relacionados con el lema “Innovación y conocimiento” adoptado para este encuentro.
De acuerdo al documento, uno de los puntos más importantes es la creación de un nuevo y ambicioso programa cuya definición estará a cargo de un grupo de trabajo de responsables gubernamentales de cada país, coordinado por la Secretaría General Iberoamericana (Segib), a cargo de Enrique Iglesias.
El programa se concentrará en la investigación aplicada e innovación tecnológica, inclusivo y abierto a todos los países, complementario de los programas existentes y estrechamente articulado con los mismos.
“El programa tendrá también por objetivo contribuir a un modelo de apropiación social y económica del conocimiento más equilibrado en el ámbito de las sociedades iberoamericanas”, destaca el texto.
Los jefes iberoamericanos de Estado consideraron que ese programa de innovación y conocimiento permitirá erradicar la pobreza, combatir el hambre y mejorar la salud de nuestras poblaciones, así como alcanzar un desarrollo regional sostenible, integrado, inclusivo, equitativo y respetuoso del medio ambiente.
Por tal motivo, acordaron dar prioridad a la innovación en el marco de las estrategias nacionales de desarrollo de los países, mediante el diseño e implementación de políticas públicas de mediano y largo plazo, sean de naturaleza fiscal, financiera o de crédito, que estén dirigidas a los agentes de la innovación y del conocimiento.
A fin de lograr ese objetivo, se comprometieron a fortalecer las instituciones nacionales de innovación y promover la cooperación solidaria entre los Gobiernos iberoamericanos, aprovechando las múltiples sinergias y complementariedades y respetando las especificidades nacionales.
De igual manera, incentivarán la inversión en infraestructura de comunicación, apoyando el acceso generalizado a la banda ancha, en particular en sectores de menores posibilidades y en áreas rurales.
Asimismo, acordaron promover programas que garanticen la transferencia de tecnologías a los países en desarrollo, en especial en el espacio iberoamericano, teniendo como objetivo la solución de los problemas económicos, ambientales y sociales de la región.
Sin perjuicio de las minorías, también asumieron el compromiso de recuperar los conocimientos ancestrales, tradicionales y locales, especialmente de los pueblos originarios iberoamericanos y de los grupos afrodescendientes, y promover su incorporación en los procesos de innovación.
Otro de los acuerdos es contribuir, de conformidad con el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas, a un esfuerzo global de reducción de emisión de gases de efecto invernadero, basado en metas nacionales cuantificadas para los países desarrollados y en acciones de mitigación nacionalmente apropiadas.